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La vida en Nueva York

Nueva York es la única ciudad que he conocido como hogar, y sin embargo, no fue sino hasta este semestre que empecé a entender de verdad lo que eso significa para mi identidad. La pregunta que guió gran parte de este curso, qué elementos de tu identidad atribuyes al hecho de habitar en Nueva York? Es una que me tomó tiempo responder con honestidad, porque la respuesta es más profunda de lo que parece a primera vista. El elemento más inmediato es el Bronx mismo. No crecí simplemente “en Nueva York” yo crecí en Tremont Avenue, en un borough que tiene su propia historia, su propio carácter, y su propia identidad colectiva. El Bronx es el lugar de nacimiento del hip-hop, un lugar que ha sobrevivido décadas de abandono institucional y que aun así produce arte, cultura, y comunidad de una manera que pocas partes del mundo pueden igualar. Crecer aquí me dio un orgullo muy particular, no el orgullo fácil de quien tiene todo, sino el orgullo de quien sabe lo que cuesta construir algo en un lugar donde el sistema no siempre está de tu lado.

Mi familia es de Tlapa de Comonfort, Guerrero, y Nueva York es donde esa identidad guerrerense se encontró con todo lo demás. En el Bronx, la cultura de mis padres no desapareció se mezcló, se adaptó, y en algunos aspectos se fortaleció. Las tradiciones que trajeron de Guerrero conviven aquí con el español caribeño de mis vecinos, con el inglés de la escuela, y con la mezcla constante que define a esta ciudad. Esa combinación es parte fundamental de quién soy.

Las oportunidades educativas que Nueva York me ha dado también son inseparables de mi identidad. Lehman College, los programas en los que participo, las organizaciones profesionales a las que pertenezco, nada de eso hubiera sido posible fuera de este ecosistema. La ciudad me conectó con recursos, mentores, y experiencias que han moldeado directamente mis aspiraciones profesionales y mi sentido de lo que es posible para alguien como yo. Pero quizás el impacto más sutil — y el más profundo — es lo que Nueva York le hizo a mi forma de ver el mundo. Vivir en una ciudad donde conviven decenas de idiomas, culturas, y perspectivas distintas te obliga a desarrollar una flexibilidad mental que no se aprende en ningún salón de clases. Me enseñó que mi manera de ver las cosas es solo una entre muchas, y que escuchar y entender otras perspectivas no es una debilidad sino una habilidad esencial.

Nueva York me formó como estudiante, como hijo de inmigrantes, como persona bilingüe, y como alguien comprometido con su comunidad. No sería quien soy sin esta ciudad, y específicamente sin el Bronx. Esa deuda no es algo que cargo con vergüenza — es algo que cargo con orgullo y con la determinación de devolver algo a la comunidad que me dio todo lo que tengo.