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Mi relación con la lengua

Si tuviera que describir mi relación con el español en una sola palabra, usaría “complicada.” Pero complicada no significa mala,significa honesta. Crecí en la 180th Tremont Avenue escuchando español en casa todos los días. Mis padres son de Tlapa de Comonfort, Guerrero, y el español fue la lengua de mi infancia, de las conversaciones familiares, de la cocina y de las llamadas telefónicas a México. Pero en cuanto salía por la puerta de mi casa, el mundo era en inglés. La escuela era en inglés. Mis amigos mezclaban los dos. La calle era una combinación de todo.

Con el tiempo, el inglés se convirtió en mi lengua dominante. No fue una decisión consciente solo que fue simplemente el resultado de crecer en Nueva York, donde el inglés es la lengua del sistema, de la educación, y de casi todo lo que tiene que ver con el futuro profesional. El español quedó en casa, con la familia, con ciertas canciones y ciertas emociones que en inglés simplemente no suenan igual. Antes de este curso, esa situación me generaba algo parecido a la vergüenza. Sentía que mi español no era “suficientemente bueno” , que lo mezclaba demasiado, que cometía errores, que no era como el español de mis padres ni como el que se enseña en los libros.

Pero estudiar a Escobar y Potowski cambió esa perspectiva completamente. Entendí que soy lo que se llama un hablante de herencia, y que mi experiencia es compartida por millones de personas en este país. El Spanglish que hablo, expresiones como “voy a llamarte patrás” o “está en el rufo” no es español roto. Es una variedad lingüística viva, creativa, y completamente legítima que refleja exactamente quién soy: alguien que vive y piensa entre dos lenguas, dos culturas, y dos mundos.

Este curso no me enseñó a hablar mejor. Me enseñó a dejar de avergonzarme de cómo hablo.